|
La piel es el órgano de mayor tamaño de nuestro cuerpo y, lógicamente, el más expuesto a factores externos como el clima, ropa, agua, sol, lociones, polvo, químicos, etc. El mundo intrauterino que albergó por 9 meses al pequeño difiere absolutamente del mundo exterior y cotidiano. La temperatura y la humedad son distintas y, por ello, debemos proporcionarle a su piel un contacto gradual y progresivo con diferentes condiciones ambientales a través de productos sanos que no alteren el Ph ácido de la piel normal (4 ó 5) y eviten la pérdida del manto graso que la recubre.
A pesar de tener los mismos componentes de la piel adulta, la de los niños es delicada, más lisa, fina y menos protegida, por lo que cualquier sustancia química puede generar una reacción. La diferencia está en que sus barreras de protección son más susceptibles, especialmente en el caso de recién nacidos. La mejor forma de prevenir problemas en la piel infantil –o cuando ya se evidencia un cuadro- es usar productos adecuados para la higiene. En su opinión, hay que evitar la utilización de jabones o productos emulsionados que pudieran irritar más la piel. La ropa debe ser lavada con detergentes hipoalergénicos sin utilizar suavizantes. En caso de existir ya problemas, es importante humectar la piel con productos de la línea dermatológica, dependiendo de cada caso en particular.
Los problemas en la piel pueden aparecer en forma imprevista y conviene estar muy atento frente a cualquier rasgo extraño en el bebé. Una buena costumbre es observar minuciosamente su cuerpo en cada muda o baño y prestar atención a erupciones de color rojizo, aumento de la temperatura, presencia de vesículas pequeñas o ampollas, prurito, costras y piel escamosa en zonas de mayor roce, como pliegues, cuello, mejillas y genitales. Estos síntomas evidencian una dermatitis de contacto, la que puede ser irritativa cuando surge por el contacto de la piel con los dañinos componentes de los detergentes comunes y alérgica cuando la piel está sensibilizada a un determinado producto (perfumes, aceites, preservantes, etc.).
La dermatitis se produce con mayor frecuencia en los primeros meses de vida del bebé y su rasgo más característico es el "intenso prurito”, manifestándose una evolución clínica de "círculo vicioso" donde la picazón da lugar a eczema que, a su vez, provoca prurito, erosiones y descamación.
|